22 de junio de 2012

Arenkes (6)

Capítulo VI



Kai volaba en silencio junto a mí. ¿Por qué no me decía nada? Tal vez yo lo aburría… ¿O estaba pensando en Aisha?

Volábamos en dirección a Maitencillo. Era un hermoso balneario a 60 km de Viña del Mar hacia el norte. Por la distancia decidimos ir en bus que nos dejaba en un pueblo cercano. Decidimos volar lo que quedaba de distancia. Temprano en la mañana habíamos llegado a la playa. ¿El motivo?

-“Darcy… quiero llevarte a un lugar especial para mí. Allí es donde aprendí a volar hace siete años atrás.” Eso fue el día anterior. Al día siguiente nos levantamos temprano y tomamos el bus en dirección al norte.
Maitencillo era hermoso. La playa era de unos 6 km de largo y en invierno no había casi nadie en los hoteles y cabañas turísticas, eso nos beneficiaba, para que no nos vieran. Como una playa solitaria se extendía entre el acantilado bordeando el mar.
Fenomenal que Kai me llevara a un lugar así…

Al llegar allí nos paramos al borde de los acantilados y observamos el horizonte. Allí no había ningún barco, estaban todos lejos en Valparaíso. Solo el mar, las gaviotas y nosotros.
Kai extendió unas hermosas alas blancas y se lanzó hacia abajo. Yo hice lo mismo. No había visto sus alas en blanco y me sorprendió mucho verlas. Eran grandes y hermosas. Lástima que no las usaba más seguido, solo porque no combinaban “con su estilo”.
Solo murmuré “me gustan tus alas de ese color…” mientras volaba a su lado. No lo pude evitar.

Dimos varias vueltas volando de un lado a otro. Lo disfruté mucho. Luego nos sentamos en la arena y desayunamos lo que habíamos traído. Kai me contó cómo fue cuando aprendió a volar.
-“Tenía 18 años cuando sucedió. Comencé con los rasguños en la espalda. Y a pesar que las alas no son exactamente algo físico, si tiene que ver. Es difícil explicarlo, por un lado las puedes tocar e interfieren con el mundo físico, pero cuando se guardan se disuelven como si nunca hubiera existido.” ¡Con la ropa tampoco interferían!
-“¿Quién fue tu tutor?”
-“Mi madre lo fue. Ella también prefería las alas blancas. A ella le gustaba volar sobre el mar en un día soleado y en lugares como éste. Siempre me traía de pequeño y volaba conmigo en sus brazos.” Al parecer yo tenía los mismos gustos de su madre.
-“¿Por qué hablas en tiempo pasado de ella? ¿Le sucedió algo?”
-“Si… los cazadores de arenkes…”
-“Lo siento mucho…” ¿Qué habrá sucedido?
-“A partir de ahí comencé a volar solo de noche y no usar mis alas blancas. La oscuridad ha sido mi compañera desde hace unos cuatro años.”  Como un Dark, pensé y sonreí dentro de mí. Pero retiré rápidamente ese pensamiento. Debía tener más compasión con su historia.

-“Aisha es casi idéntica a ella.”
¡Ah! Ya veo por qué la quieres tanto…

Almorzamos sobre unas rocas que se encontraban en la orilla del mar. Las gaviotas salían espantadas al ver aves tan grandes. Me reía mucho con eso. ¿Qué pensaban ellas que éramos nosotros?
-“¿Podré seguirlas, alcanzarlas y atraparlas en el aire?”
-“No, pero yo sí.” Me molestaba Kai, “Eres muy lenta.”
-“¡¿Lo has hecho?!” Pregunté emocionada.
-“No, yo dejo en paz a los pobres animales.”  Eres un aguafiestas. ¬ ¬














Volábamos hasta el borde del acantilado y nos divertimos probando diferentes formas de hacerlo. Salí al mar hasta perder los detalles de la playa de vista y regresé emocionada. Kai se burlaba de mi forma de volar. Me explicaba cómo hacerlo bien y dejarme llevar por el viento sin esforzarme demasiado. Algunas veces sentía que caía. No tenía ganas de caer al mar y mojarme con todo puesto. Kai solo se reía. Yo trataba de ignorar eso.
-“¿Te imaginas un elefante con alas de mariposa? Así eres tú.” Se reía.
-“No me causa gracia. ¡Tú eres como un murciélago fúnebre que vive en un cementerio!”
-“Eso no es ofensivo. Además ¿Has visto murciélagos en cementerios?”
-“No, pero puede que tú sí. Podrías vivir allí.”
-“Yo vivo en un palacio.” ¡Sí! ¿Y qué? ¿Quieres que sienta envidia?
-“¿Y tú princesa?” ¡No debí haber preguntado eso!
-“Aún vive en su castillo.” ¿Ah sí? ¿Por qué será? Tal vez la espantas con tu forma de ser.
-“…espero que siga ahí.” Me tocó reírme a mí.
-“¿Por qué? ¿Estás celosa?”
-“¡Nooo!” ¿Cómo se te ocurre? Si quieres molestarme, hazlo con otra cosa.

-“¿Alguna vez has luchado contra cazadores de arenkes? Sin contar esa vez que…”
-“Si.” Respondió serio.
-“¿Me lo contarás?”
-“Hoy no.”
-“Eres muy reservado con tu vida.”
-“No tengo apuros de hacer o decir las cosas como otros. Todo tiene su tiempo y yo tengo paciencia. No me gusta alterar las cosas. Prefiero pensar bien antes de actuar.”
-“Pues no se nota que piensas cuando actúas.”
-“Yo tengo todo bajo control, todo planeado aunque no se note.” Murmuró entre dientes.
-“¿Tienes planeado ser cortante con migo cuando quiero saber algo de ti?”
-“Algún día sabrás todo lo que quieres saber… ¡Eres muy impaciente con todo!”

Y así se pasó la tarde. Era extraño que Kai no quisiera revelar su identidad. Casi no sabía nada de él. ¿Por qué ocultaba su vida? ¿Por qué con migo? Estaba segura que con los demás no era así. Si se lo preguntaba se enojaba. ¡No podía preguntarle nada! Odiaba que hiciera preguntas acerca de él. Debía encontrar una forma de crear más confianza hacia mí.

Descansamos estirados en la arena. Me gustaba observar a las gaviotas. ¡Tal vez podía aprender algo de ellas! Se veían tan livianas en el viento. Incluso Kai parecía no interferir con su peso en el aire, volaba maravillosamente atravesando el cielo realizando curvas perfectas y aterrizando suavemente en el suelo sin levantar un grano de arena y sin realizar ningún ruido. Lo admiraba. ¡Yo era tan torpe con eso!
El cielo se tiñó mezclando naranja y rosa. ¡Ideal para pintar! Kai estaba sentado a mi lado observando lo mismo que yo. ¿Le gustaba tanto como a mí?

-“¿Ahora me dirás a qué te dedicas realmente?” Le pregunté esperando entablar una simpática conversación.
-“No.” Afirmó. Y fue todo lo que dijo.
¿Qué le sucedía?
-“¿Por qué eres tan cortante?” Pregunté. Levantó la cabeza, me observó y no dijo nada. Con expresión de aburrido comenzó a dibujar unos garabatos en la arena.
Me levanté algo decepcionada y me saqué los zapatos para ir mojarme los pies. Ya me estaba yendo cuando respondió.
-“Es que no sé cómo hacer esto…” Dijo inseguro.
Di la vuelta y regresé más decepcionada mirándole.
-“¿No sabes cómo ser un buen tutor? ¡Pues no lo seas! ¡No te necesito! ¡Estoy harta de cómo te comportas con migo!” Le grité y me fui. Al mirar hacia atrás vi que él seguía sentado allí sin haberse movido. ¿Cómo puede ser tan patán? Ni siquiera le importa que esté enojada y no se molesta en seguirme y explicármelo.
Regresé por donde habíamos venido y seguí recorriendo la playa. Llegué a otra playa que no conocía. Había algunas rocas en el mar. Era muy pintoresco todo. ¡Qué ganas de vivir en un lugar así! La puesta de sol era hermosa. Faltaba poco para que se hundiera en el mar y desapareciera completamente.  En invierno oscurecía temprano. Seguí mi paseo sin mirar atrás. No quería que alguien como Kai me echara a perder un momento tan perfecto. ¡Parecía que le encantaba hacerlo! Quería disfrutar mis alas sin su pesimismo. ¿Es que no podían enviarme nadie más simpático que él? ¡Tenía que encontrarme precisamente con él habiendo un montón de arenkes de la misma ciudad!

El sol había desaparecido completamente y comenzó a soplar más viento. Las olas se hacían más grandes y la brisa se sentía más fría. Lejos los faroles habían encendido ya su luz alumbrando la carretera. No me importaba, no quería regresar. Quería estar sola un momento. Era increíble pero la actitud de Kai me afectaba de cierta manera… o yo era muy sensible.

Ya estaba lejos de los hoteles y las cabañas. Pero la playa se extendía eternamente. Me senté sobre una roca y dejé que las olas mojaran mis pies. Me crucé los brazos, tenía frio.

Una figura se hacía más y más grande al acercarse. Kai sobrevolaba el mar nuevamente con sus alas negras. Eso me recordó que el esplendor del día había acabado. La noche había caído sobre nosotros. ¿Cuándo volveré a ver tus alas blancas?
El me buscaba pero yo no quería que me encontrara. De nada me habría servido huir, porque había que regresar a casa. Finalmente me vio, se acercó y se sentó a mi lado en la roca. No dijo nada. Notó que sentía frio y abrió sus alas, las dobló y me cubrió con ellas. Sentí su calidez. ¿Eso era un abrazo? ¿Su forma de disculparse? No pregunté. Me sentía bien así, no quería arruinar el momento como ya hice antes. Por un lado Kai me decepcionaba con su actitud. Pero por otro lado me agradaba su cercanía.
Estuvimos allí sentados cada uno mirando hacia otra parte y sin decir palabra alguna.

-“Hay que regresar a tomar el bus.” Rompió el silencio, “Acabo de acordarme que dejan de pasar a cierta hora.”
Había que partir. Caminamos hacia la carretera y nos sentamos a esperar.

Esperamos mucho tiempo pero el bus no quería pasar. ¿Ya había pasado el último? Kai estaba algo preocupado por ello. Pero por más que esperábamos con frio comprendimos que habíamos dejado pasar el último.
-“Además aquí casi no han pasado vehículos. A estas horas ya no pasarán, estamos en temporada baja. Fue mala idea que te fueras a pasear sola.”
-“Nuevamente soy yo la culpable…”
-“¿Cómo piensas volver? No serías capaz de volar hasta Viña del Mar.” Me irritaba. No tenía ganas de pelear así que abrí mis alas, me cubrí y cerré los ojos.

-“Yo no tengo problemas en dormir por ahí, pero es por ti, no estás acostumbrada a esto y no quiero incomodarte.”
Ahora sí estaba curiosa.
-“¿Dónde dormirías?”
-“Yo podría dormir entre arbustos o en cualquier parte donde me cubra la hierba y no sea visto.”
-“Quiero experimentar eso, una noche en la intemperie.”
Kai me observó pensativamente. ¿Qué estaba mal? Si él podía hacerlo, yo también. Me acordé de Silver cuando dormía escondido bajo el puente. Tenía que aprovechar al máximo mis atributos de arenke.

Kai aceptó y me llevó hacia el bosque en los cerros. Allí crecían muchos pinos y eucaliptus. No andábamos con linternas, así que tuvimos que adivinar donde pisar. Nos acostamos bajo un árbol donde había muchas hojas secas. Me acomodé lo mejor que pude. Kai se acomodó a mi lado y me pidió que sacara mis alas. Las tomó arreglándolas de tal forma que me tapaban completamente. Fue una sensación extraña, no me habían tocado las alas antes (no recuerdo cuando me las desenredó del hilo esa vez). Eran más pequeñas que las suyas pero eso no importó, ya que se acercó y con sus enormes alas nos cubrió a ambos.  Se preocupó que yo no pasara frio.
Me dormí rápidamente satisfecha con el montón de plumas que me cubrían. Eran muy suaves y cómodas. Durante el sueño sentí como Kai acomodaba nuevamente mis alas y las suyas. Pude sentir como sus dedos se enredaba en mi cabello. Me pareció que acariciaba mis mejillas con sus cálidos dedos… pero ¿Por qué lo hacía?
Mis sueños se mezclaban en formas y figuras sin sentido no diferenciando el mundo real con el onírico.

Temprano en la mañana nos levantamos, sacudimos las hojas que se nos habían pegado y caminamos hacia la carretera a esperar el bus hacia Viña del Mar.



18 de junio de 2012

Arenkes (5)

Capítulo V



Todo ha vuelto a la normalidad. Rutina normal, personas normales, actividades normales. El fin de semana ha sido como un sueño para mí. Una escapada de la vida real a un mundo mágico de fantasía.
En la universidad había tenido examen y me ha ido satisfactoriamente bien. Tenía que aprovechar la noche para estudiar ahora que ya no necesitaba tantas horas de sueño.

Esperé hasta tarde acostada mirando televisión esperando a Kai. Pero él no apareció. Tenía tantos deseos de salir a volar, sentir el viento en mi rostro y dejar que las alas me hicieran avanzar.
Finalmente me levanté y decidí salir sola. Si él no iba a llegar no me quería perder una noche sin dar una vuelta.
Aquella noche era tranquila y no hacía frío. Me vestí con algo liviano y salí de mi casa. ¡Hoy va a ser una noche genial sin los gruñidos de Kai! Pensé y sonreí al recordarlo.

Abrí mis alas negras y me lancé a los aires. Ésta noche no iba a volar en dirección al mar ni al centro. Ésta vez iba a ir hacia el otro lado, en dirección a la ciudad de Valparaíso. Viña del Mar y Valparaíso son dos ciudades que al agrandarse se juntaron y ahora parecen una sola. Pero la diferencia cultural, económica y social entre las dos es bastante grande.

Volé lentamente hacia el cerro. Disfruté cada aleteo y me sentí simplemente feliz. Allá arriba había un edificio alto así que decidí parar sobre él y así tener una hermosa vista de las dos ciudades de noche.
Realmente era una vista fantástica. Distinguía los barcos iluminados en el horizonte, a mi izquierda Valparaíso y sus cerros, a mi derecha Viña del Mar que se extendía por toda la costa.

De pronto sentí que alguien me observaba desde un balcón del edificio. Guardé las alas asustada, por si llegaba a verme con ellas. Pero presentí que lo había hecho demasiado tarde. Escuché a esa persona gritándome que bajara apuntándome con el dedo.

Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que todo a mí alrededor lo recuerdo como sombras que se movían. Instintivamente abrí las alas para escapar pero al hacerlo sentí que me lanzaron algo que se enredó en ellas. Dificultosamente intenté aletear pero cada vez que las movía la pita se enredaba más y más en mis plumas. Ya estaba en el aire así que debía descender, fue tan complicado aletear que al fin caí con todo mi peso al suelo. No me había pasado nada grave. Ya en el suelo intenté liberarme de lo que me ataba. Pero no me di cuenta que alguien se acercó a mí por mi espalda, se abalanzó hacia mí y me botó nuevamente al suelo.
Sentí un dolor agudo en el lado derecho de mi cintura, una aguja se había enterrado en mis costillas.

En ese momento sentí que todo mi cuerpo se relajaba y todo alrededor se volvía más y más borroso ante mi vista. Vi las figuras borrosas de personas que corrían a mí alrededor. Mis brazos y piernas dejaron de moverse y se tranquilizaron. Finalmente me sumergí en un profundo sueño.
Pero no perdí la conciencia. Pude sentir todo lo que pasaba a mí alrededor. Oí unas voces de hombres gritando y peleando.
Entre los gritos sentí  la voz de Kai peleando contra otro hombre. Después ya no las oí. Todo estaba en silencio.
Sentí a Kai acercarse a mí, apoyarse sobre mi cuerpo verificando si me encontraba bien. Sentí como testeaba mi cintura en busca de algo. Luego levantó mis brazos y me acarició las manos. Las puso sobre sus cálidas mejillas. Imagino que las debía tener muy frías. Presionó sus mejillas con las mías. Después me abrazó. Tomó mi cuerpo y lo levantó, lo apretó contra el suyo y emprendió vuelo.
Luego perdí la conciencia.



* * *


Desperté temprano en mi casa y en mi cama. Lo había hecho antes que sonara el despertador. Enseguida me acordé de lo sucedido durante la noche y me levanté. Busqué a Kai por todas partes llamándolo. No había nadie. Tenía puesta la misma blusa que la noche anterior cuando me recosté a ver televisión. ¿Todo había sido un sueño? ¡Todo había sido tan real! ¡Qué pesadilla!

Comencé a recordar toda la pesadilla. Las alas enredadas con un hilo extraño… La caída al suelo… la aguja enterrada en mis costillas… las caricias de Kai… ¿Las caricias de Kai? ¿Por qué soñé eso? No sabía que tenía tanta imaginación, pesé.
¡Espera! ¡La aguja! Recordé. Pasé mi mano izquierda sobre mi cintura revisando si había algo allí. Me levanté la blusa y lo vi. Un pequeño punto rojo sobre las costillas. Lo apreté y recordé el dolor de la noche anterior. ¡Todo había sido real! ¡No fue un sueño!

¿Quién era la persona que me enredó las alas? ¿Por qué me enterró algo en las costillas? ¿Por qué estaba Kai presente? ¿Por qué las caricias? Y lo más extraño de todo  ¿Por qué trató de hacerme creer que todo fue un sueño? No estaba presente en la mañana… y me colocó la blusa de la noche anterior. Abrí mis alas y noté que estaban en perfecto estado, ninguna pluma rota, ¡no había rastro del hilo! Y el punto rojo en mis costillas era apenas visible.
¿Qué había sucedido? Por algún motivo Kai quiso ocultar lo sucedido haciéndome creer que había sido una simple pesadilla. Debió haberse quedado conmigo para darme las explicaciones.

Miles de preguntas me atormentaban. Quería saber qué era lo que había sucedido. ¿Era mucho pedir? Kai… cuéntamelo todo.

Fui a clases en la mañana y regresé a mi casa al mediodía. Almorcé y esperé. Luego supuse que Kai no iba a aparecer. ¡Era yo quien debía ir a su casa! Por suerte ahora sabía dónde vivía.
Me vestí  y salí de mi casa. Tomé el metro, ya que una estación quedaba cerca de su edificio.

Al llegar pude apreciar a la luz del día el antiguo edificio. ¿Quién pensaría que por dentro es totalmente diferente?  El escondite ideal para arenkes de gusto refinado, sonreí. Caminé rumbo a la entrada.

Dentro había una persona en recepción. Al parecer no me iba a dejar subir si lo le decía donde quería ir.
-“Voy a visitar a Kai.” Le dije. ¡Ooops, no me acordé que no me sabía su nombre real! “Un joven que vive en el piso 20.” Y lo describí físicamente. “Siempre está con una mujer de cabello muy largo y rubio.” Agregué. El recepcionista sonrió y asintió. Había comprendido de quien se trataba.
Subí el ascensor. ¡Por lo menos había ascensor en ese edificio tan antiguo! No era un elevador moderno, pero funcionaba.

Llegué a un pequeño pasillo que conducía hacia una puerta. Toqué el timbre. Me abrió una hermosa mujer que ya conocía.
-“Hola Aisha. Debo hablar con Kai.”
-“No está por el momento, regresará luego. Pero espéralo dentro. No demorará.”
Entré a su hermosa casa. Me condujo a la sala de estar donde tenía prendida la calefacción. Allí había grandes ventanales donde se podía apreciar parte del centro de la ciudad. Aisha estaba preparando café.
-“¿Quieres tomar algo? Tengo té, hiervas, infusiones de  frutas, café y mi especialidad de hoy: capuccino.”
-“Tomaré el capuccino.” Era fantástico, tenía mucha crema y estaba delicioso. ¡El mejor capuccino vienés que he probado en mi vida! Aisha realmente sabía prepararlo.

-“Aisha… tuve una aventura anoche.” Comencé a contarle.
-“¿Con quién?”
-“No,” me reía, “no me refiero  a eso. Tuve una aventura al volar hacia Valparaíso.”
Supuse que ya se había enterado de la noticia pero decidí contársela. Ella por supuesto ya lo sabía. Kai debió habérselo contado.
Cuando le describí el momento en que alguien me lanzó algo que se enredó en mis alas se puso muy seria.
-“Eso fue algo muy arriesgado…” dijo.
-“¿Por qué Kai no me explicó nada?”
-“Tal vez consideró que no era hora para que supieras todo lo que significa ser arenke.”
-“¿A qué te refieres?”

En ese momento alguien tocó a la puerta. Era Kai. ¡Por fin regresó! Ella fue a abrirle. Lo saludó, luego no escuché nada. ¿Susurraban?
Aisha regresó a mi sonriendo.
-“Los dejaré solos para que hablen tranquilamente. Estaré abajo en mi departamento.” Dijo y se fue.
La puerta se cerró. Kai apareció en el umbral de la puerta de la sala de estar. Me observaba serio.

-“Necesito una explicación…” Comencé.
-“Lo sé.” Me contestó.
Silencio.

Me observaba. Esperaba que le preguntara algo, pero no sabía qué preguntarle exactamente. Quería saber muchas cosas. No sabía por dónde empezar.
-“¿Quién era…?”
-“¿La persona que intentó atraparte? Era un enemigo... de los arenkes.”
-“¿Qué? ¿Por qué no me contaste que los arenkes tenemos enemigos?”
-“Son cazadores de arenkes. ¡Por eso no queremos que nadie nos vea! A muchos humanos los les gusta la idea de que existimos. Por eso no debías volar sola.”
-“Tu solo me hablaste sobre no volar sobre avenidas principales… además ¿Qué hacías tu ahí en ese momento? ¿Cómo supiste donde estaba?”
-“Observando vi como salías de tu casa y te seguí.”
-“¿Por qué me observabas?
-“¡Para ver qué tontera se te ocurría hacer!” respondió enojado.

No supe que decir. Así que teníamos enemigos… y Kai me observaba… en fin. Me estuvieron cazando.
-“Silver estuvo toda la semana pasada luchando contra ellos.” Me contó. “Ellos nos tienden trampas y nos atacan, nosotros debemos saber defendernos. Hay que tener cuidado. No es simplemente volar y disfrutar hacerlo.”
-“¿Por qué no me contaste antes…?”
-“Estabas tan emocionada con lo de volar que no quise echarte a perder eso.”
Tenía razón. Estaba muy emocionada… pero ahora entendí que volar no era solo felicidad… tiene sus riesgos, como todo.

-“Te dormiste porque te clavaron un dardo tranquilizante.” Afirmó. Levanté la vista y le miré a los ojos. Recordaba todo lo que sucedió a continuación. ¿Me explicará eso? ¿Por qué fue de repente tan amable cuando antes no lo había sido conmigo? Si no lo hacía yo tampoco iba a tocar el tema. “Los cazadores siempre estarán en todas partes, hay muchos, pero nosotros somos más. De todas formas hay que tener cuidado. No quiero que te pase algo si sales a volar lejos sola.” Lo decía en serio.

Ya sabía todo lo que había sucedido la noche anterior. Kai me salvó… me llevó a mi casa, liberó mis alas, limpió la herida del dardo y me acostó. ¿Qué más podía pedir?


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17 de junio de 2012

Arenkes (4)

Capítulo IV



Llovía con fuerza durante la noche. Cuando noté que el frio entraba a mi habitación prendí la calefacción, puse una película y me acosté. Al parecer Kai no se había acordado de mí. Tampoco me dijo cuándo volveríamos a vernos. De todas formas yo estaba cómodamente acostada y afuera hacía mucho frío.

En medio de mis sueños escuché como algo golpeaba mi ventana. Di media vuelta y seguí durmiendo. No quería que nada echara a perder aquel plácido momento. Al rato nuevamente algo golpeó mi ventana, pero ésta vez con más fuerza. Me senté sobre la cama del susto y miré hacia la pared. Corrí la cortina y abrí la ventana. Una ola de frío inundó mi habitación y volví a taparme rápidamente. Sentí que alguien estaba observándome. Cuando me descubrí la cabeza vi el rostro de Kai en mi ventana. Estuve a punto de asustarme si no lo hubiera reconocido.

-“Levántate y déjame entrar.” Me ordenó. ¿Por qué quería entrar? Por mi se hubiera quedado afuera con la lluvia. Me habría encantado cerrar la ventana, la cortina y volver a dormir. Pero si hiciera eso seguramente se enojaría mucho.
Me levanté y abrí la puerta. Por suerte no entró y solo que quedó allí para observarme y con un gesto invitándome a salir. Moví la cabeza y crucé los brazos. “Hace frío” murmuré.
-“¿Crees que he venido hasta aquí para ver que no tienes interés en volar? Yo también podría estar durmiendo. Pero no, te vas a vestir y vas a venir con migo. Quiero llevarte a un sitio.”
¿Por qué tiene que decidir lo que debo hacer en una noche fría y lluviosa? Cuando podría estar durmiendo en mi cama calentita. Su expresión me obligaba a obedecer.

Me puse unas botas y un abrigo largo. Me enrollé en una bufada gruesa y me puse guantes. Cuando estaba lista él me miró con expresión burlesca como si me habría abrigado demasiado. ¡Si hacía frío!
-“Espero no te pese demasiado toda esa ropa, ¡no quiero que te canses volando!” se reía de mí.
-“Si me canso tú me llevarás así que no me preocupo.”
-“No volveré a hacer eso…” murmuró e hizo una mueca.

Apenas salí de mi casa y cerré la puesta de golpe abrí mis alas y volé en dirección al puente. Al pasar por allí lo apunté con el dedo. Kai movió la cabeza explicando que su amigo ya no se encontraba allí.
¿Hacia dónde me quería llevar? Sobrevolamos el centro de Viña del Mar en dirección al norte.
Nuevamente hice un esfuerzo para volar lo más rápido que pude pero ni se acercaba a la velocidad de Kai cuando escapamos del barco.

Volar bajo la lluvia era simplemente genial. Las gotas de agua golpeaban mi rostro y lo empapaban. Pero las alas no se mojaban, y obvio ¡Eran plumas! No absorbían el agua. Cerré los ojos, dejé de aletear y me dejé llevar con el viento.
¡Esto es lo mejor! Pensé. Ahora pude hacer lo que hacían las aves al volar, aprendí como avanzar sin aletear.
Observé a Kai. Necesitaba su aprobación. El asintió.


Llegamos a un edificio con aspecto abandonado. El edificio era como una torre, alto y angosto.
Aterrizamos en el techo. Desde allí se podía ver todo el centro de la ciudad y algo del mar.
-“Te traje aquí porque he organizado una especie de reunión con unos amigos y conocidos a quienes quiero presentarte. Son todos arenkes.”
-“¡Conoceré más arenkes, genial!”
-“See, genial… espero me agradezcas lo que hago por ti.” Volvió a hacer su acostumbrada mueca.

Abrimos las alas y él me guió a través de una puerta que había en un balcón. Entramos a una sala muy grande y alta con un aspecto del siglo XX. Por dentro era totalmente diferente que por fuera. Era muy acogedor.
Allí había varias personas que nos saludaron amablemente. Kai me presentó a cada uno de ellos. Todos me dieron la bienvenida. Eran muy distintos al malgeniado de Kai. ¿Por qué tuvo que tocarme justo él como tutor?
Me sentí muy bien con el resto, pero no sabía cómo actuar frente a un montón de arenkes experimentados.

En un momento entró Silver con una mujer joven muy hermosa. Al verme se acercó a saludarme.
-“¿Cómo lo conoces?” preguntaba Kai extrañado.
-“Con tanta prisa no tuve oportunidad de contártelo.”
Silver sonrió y le contó la historia. Yo asentí. Kai se había sorprendido, pero no dijo nada.


-“Ella es Aisha.” Me presentó a la mujer. Ella tenía el cabello muy largo de un color rubio blanco. Parecía un hada. Usaba un vestido blanco. Me la imaginaba con alas blancas. Le haría honor a su belleza.
-“Así que tú eres nueva. Me alegro. ¿Te ha tratado bien Kai? Espero te sientas acogida entre nosotros y aprendas todo lo que debas saber. Puedo ayudarte en lo que necesites si Kai se vuelve muy gruñón.” Me guiñó un ojo. Kai no cambió su expresión. Ella tenía una voz muy dulce.
Luego él la tomó del brazo y la llevó aparte. Silver me mostró la casa.

-“Aquí vive Kai. Todo este piso es suyo. Pero él no habita en todas las salas, solo en algunas. Ésta sala está destinada a las reuniones,  para el consejo, u ocasiones especiales que celebramos. Aisha es parte del consejo arenke.”
-“Así que ésta es la cueva de Kai… digo su casa. ¡No sabía que existía un consejo arenke!”
-“Si, de alguna forma tenemos que organizarnos. Kai también participa a veces. Si tienes algún problema te ayudan. Aisha ahora me ayudó a encontrar un lugar donde vivir. Vivo en este mismo edificio dos pisos más abajo.”

-“Silver… ¿nosotros somos humanos?”
-“Mmm… no. Los arenkes somos una especie bastante parecida a los humanos, tenemos casi las mismas características. Pero no podemos considerarnos parte de ellos porque tenemos alas.”
-“¿Entonces nunca fui humana?”
-“No. Un arenke nace de un hombre arenke y de una mujer arenke. Basta con que uno de ellos sea arenke para que el hijo también lo sea. Nuestros genes son dominantes. Pero como notarás, a pesar de eso somos un pequeño porcentaje de la sociedad. Antes se permitía a un arenke encontrar pareja humana y tener hijos. Ahora ya no se permite por el hecho de que evitamos a toda costa que los humanos se enteren de nuestra existencia. Si se llegaran a enterar habría un caos. El niño arenke nace como un ser humano y no se distingue de los demás hasta que llega a cierta edad, mayormente después de la adolescencia, cuando haya terminado de desarrollarse físicamente. Ahí comienzan los síntomas, que tú ya conoces.”
-“¡Exacto!” dijo una voz detrás mío. Me di vuelta, era Kai con Aisha a su lado. Su expresión de enojado había cambiado. Ahora sonreía. ¿Era Aisha quién influía en él? No me extrañaría.


Aisha me tomó del brazo y me llevó a otra sala.
-“Te mostraré donde vive Kai.” ¡Eso quería! Estaba muy curiosa como se vería el lugar donde habitaba ese demente. ¿Sería igual de extraño que su dueño?
Pero no. Me equivoqué. Su casa tenía un aspecto muy agradable. Todo estaba ordenado y arreglado. Jamás pensaría encontrarme con unas habitaciones tan bonitas en un edificio que parecía ser una ratonera. Era engañoso. ¿Será apropósito la fachada de afuera?
Todo estaba arreglado al estilo de las casas del siglo IX y XX. Pero todo modernizado y acogedor. ¡Simplemente genial! ¡Yo también quería vivir así!

La noche avanzó y la lluvia se calmaba poco a poco. Algunos invitados se habían ido… volando. Yo no estaba acostumbrada a permanecer hasta tan tarde y también decidí irme. Pero a pesar de eso no sentía sueño. Kai y Aisha decidieron acompañarme. Al día siguiente debía ir a la universidad. Comenzaba una nueva semana llena de exámenes agotadores. Debía sobrevivir un par de semanas más y comenzarían las vacaciones de invierno. Ya me alegraba pensar en ello.

Llegué a mi casa y me lancé a los brazos de Morfeo. Mi paseo nocturno había terminado.
Kai y Aisha me despidieron con una sonrisa. Moví la cabeza incrédula, ¡Definitivamente ella influye en él!





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Capítulo III



El día ha estado oscuro desde que me levanté. Luego comenzó a llover y tuve que cerrar las cortinas y prender la luz en plena tarde.
Lo que Kai me había dicho me dejó muy intrigada. Tenía que averiguar si realmente era adoptada. Él no parecía ser muy delicado para decir las cosas. ¡Simplemente loa firmó y ya!
Decidí llamar a mi mamá que vivía en otra ciudad, hacía una semana que no oía su voz.

-“¿Sabías que existen personas que tienen alas?” Le pregunté sin explicar mi pregunta.
-“¡Claro, las hadas!”
-“No, no me refiero a personajes de la mitología.” No quería sonar demasiado específica.
-“¿Es una broma?”
-“No…” Definitivamente no lo era.
-“No sé qué habrás leído pero te diré que no es cierto.” ¿Realmente no sabe nada o quiere ocultármelo por alguna razón?
-“¿Nunca te han salido alas de la espalda? ¿O a papá tal vez?”
-“Dany, no gastes tu saldo en esto, mejor cuéntame cómo van tus exámenes en la universidad.”

¡No sabía nada! ¡Nada de nada! Hice una mueca. Si le hubiera preguntado si soy adoptada habrá querido que le cuente el porqué de mi sospecha. No tenía otro motivo que el… que me salieran alas y a ellos no. ¡Qué patético sonaba eso! No me lo habría creído ni yo si me lo hubieran contado. ¿Y ahora qué? Soy adoptada… no sé quiénes me tuvieron realmente… y el porqué de la adopción. ¿No me quisieron criar? ¿Por qué? ¿Fui un embarazo no deseado? No te atormentes, eso pasó hace muchos años, por lo menos no te criaste en un orfanato. ¡Ohh de la que me salvé! ¿Por qué tuve que enterarme de esto, por qué tuviste que mencionar la idea, estúpido Kai? ¿No ves por lo que tengo que pasar ahora? ¿Cuánto tiempo demoraré en recuperarme de ésta y aceptarlo como un hecho y no pensar en ello?

Llueve. Las nubes lloran. ¿Por qué lloran? No lloren, todo está bien, todo está bien… ¿o no? ¡Necesito escuchar música! Y en lo posible en inglés para no sentirme identificada con la letra…
¡Necesito tomar aire fresco, necesito salir de aquí!

Me abrigué y salí a comprar pan para la cena. Desde que vivía sola debía hacerlo todo yo.
Al pasar por debajo del puente me acordé de lo que Kai me contó. Había alguien que dormía en el puente, ¿pero dónde? Miré hacia arriba, allí siempre habían palomas, tenían sus nidos en lo alto del puente. ¿Pero dónde podía dormir una persona ahí? No había un lugar que posibilitara eso. O tal vez si… La única forma de averiguarlo era acercándome más, ¡Volando!

Lo increíble de las alas era de que independientemente lo que tuviera puesto, salían igual. Las alas no parecían ser algo físico en el momento en que salían o sea guardaban sin dejar rastro. ¿Qué eran? ¿Ilusión?
Me aseguré que nadie me observara. Dudaba mucho que en un día como éste alguien tuviera ganas de mirar por la ventana si no había nadie afuera. Así que retrocedí unos pasos e imaginé mis alas blancas. Me alcé del suelo. Mis alas golpeaban contra el puente al llegar arriba, necesitaba encontrar algo para afirmar mis pies y así no romper mis plumas. Traté de colocar mis pies sobre un pilar pero fue complicado. Recorrí el puente para encontrar un lugar mejor. Llegué hasta donde el puente se unía con el cerro. Ahí pude pararme sobre el cerro con el puente muy cerca de mi cabeza. Era un lugar genial, como una pequeña cueva. Estaba seco y oscuro, el lugar ideal para…

Di un grito agudo cuando vi que en el rincón algo se movió y una criatura venía hacia mí. Retrocedí unos pasos y mi espalda golpeó con el pilar más cercano. Cuando decidí girar hacia la izquierda para bajar el cerro una vos de persona me tranquilizó.
-“Hola...” Me habló con un tono sorprendido. Al parecer tampoco se esperaba verme. Al acercarse a la luz distinguí una persona con aspecto normal.
-“¿Qué haces bajo un puente?” pregunté y luego pensé que debí haberme presentado antes.
-“Yo me... mmm… ¿Quién eres?”
-“¿Eres un arenke?” Responder con una pregunta tampoco estaba bien.
-“Si, ¿Cómo lo sabes?”
-“Yo también lo soy. Un arenke me dijo que había otro durmiendo en el puente…”
-“¿Si? ¿Cómo se llamaba?”
-“Kai.”

El arenke no mostró expresión algún al escuchar ese nombre. Pero luego asintió afirmando que lo conocía.
-“Hace tiempo no lo veo. Acabo de venir a Viña del Mar y no me he conseguido hospedaje. No tuve problemas en dormir aquí. Pero no creas que soy un vago.”
-“¿No tienes frío en la noche?”
-“Me cruzo las alas, ellas me cubren del frio.”

No se me había ocurrido qué pasaba si cruzaba mis alas. Lo intenté. Fue genial. Pude doblarlas sin problemas hasta quedar envuelta completamente con ellas. Se sentía genial, como en un refugio de plumas suaves. Las abrí nuevamente. El arenke sonreía ante mi impresión. Se había dado cuenta que yo era novata en esto. Tomé la punta de un ala y la acaricié con los dedos. Era una sensación extraña. Como tocando una extremidad mía que no había tocado antes. Una sensación de tener otro par de brazos pero mucho más largos y con plumas. Había descubierto otra ventaja de ser arenke. Nuevamente me invadió la felicidad.


Se hacía llamar Silver por un ligero color plateado en sus alas blancas. Las abrió para mostrarme que en la punta de las plumas tenía un ligero color grisáceo brillante. Aseguró que eran únicas, ya que la mayoría solo tenía alas blancas y negras.
Al abrir sus alas noté en su rostro, cuello y manos unos moretones bastante grandes. Cuando se dio cuenta de lo que había visto retiró sus alas blancas y volvió a sacar las negras para cubrirse. No le di importancia, que no andaba muy abrigado.


-“¿Por qué duermes de día?” Pregunté cuando noté que había estado durmiendo hasta que aparecí. Era raro que siguiera durmiendo desde la noche anterior.
-“Llevo durmiendo alrededor de cinco días seguidos, pero gracias a ti no lo seguiré haciendo, ya he descansado lo suficiente. Lo que pasa es que la semana pasada fue intensa, estuve despierto una semana entera, por eso tuve que recuperarme.”
-“¡Nadie puede estar despierto una semana entera!”
-“Si te refieres a los humanos, no. Pero los arenkes si podemos, aunque una semana también es mucho para nosotros, nadie lo hace voluntariamente.”
-“Una vez intenté quedar despierta tres días, pero no llegué a más de dos días.” Ese fue mi récord.
-“Antes eras una persona normal, pero ahora que te transformaste, algunas cosas cambiaron para ti, debes descubrirlas.” Me animó. ¡Por supuesto que iba a descubrirlas! ¡No podía esperar a estar despierta una semana entera! Lo que no sabía en aquel momento era que algún día me iba a arrepentir de haber deseado eso.
-“Es por eso que muchos arenkes preferimos volar de noche, porque nadie nos ve, y porque nosotros no tenemos la necesidad de dormir ocho horas como los demás. Podemos dormir menos y estar igual de activos.” Eso explicaba por qué no tenía sueño… ¡Eso era genial! ¡Ahora podía aprovechar las horas nocturnas para hacer cosas para las que no me alcanzaba el tiempo durante el día!

-“¿Qué hacías despierto una semana entera?” Pregunté y él dudó un poco si responderme.
-“Ya te contaré en otra ocasión.” Sonrió.

Deseaba que pasara el día rápidamente, para salir a volar durante la noche. ¡Me encantaba volar! Quería intentas muchas cosas, quería explorar el mundo de los arenkes. Pero debía tener paciencia. Faltaban algunas horas para que estuviera realmente oscuro.
Me despedí de Silver, fui a comprar pan y regresé a mi casa.




15 de junio de 2012

Arenkes (2)

Capítulo II



-“¿Por qué será que no tiene un tutor?” se preguntaba a sí mismo mientras me tomaba del brazo llevándome rumbo al puente. Al parecer no esperaba respuesta.
-“¿Por qué debería tener uno?” Pregunté.
-“¿Por qué? ¡Todos debemos tener uno! Es como cuando naces, o te crían tus padres o te crían otras personas, de todas formas te cría alguien que te enseña a caminar, a hablar, te educa…”
-“Lo sé, pero… de un día para otro me nacieron alas, ¿Quién se supone que debió haber sido mi tutor?”
-“¡Pues tus padres! Ellos también deben ser arenkes.”
-“¿Arenkes?”
-“Arenkes: Seres de figura humana con alas.” Dijo un tanto molesto, “Si tú eres arenke, tus padres también lo son.”
-“A mi jamás nadie me contó sobre la existencia de arenkes. Estoy bastante segura que mis padres no tienen alas.” Me defendí.
-“Entonces lamento decepcionarte; ¡eres adoptada!”
Fin de la discusión.

¿Adoptada yo? Eso me desconcertó algo. Si mis padres no son arenkes, entonces ellos no son mis verdaderos padres. ¿Qué hay de mis verdaderos padres? ¿Por qué no me criaron? ¿Tendré más familiares con alas?
-“Lo que debes hacer es lanzarte de este puente… volando por supuesto. Quiero ver como lo haces.”
-“pero si ya me estuviste observando desde aquel árbol.”
-“O haces lo que te digo o no pierdo mi tiempo contigo.” Fue cortante. No me gustó ese tono.

Me paré sobre el borde del puente y repetí lo que había hecho anteriormente. Sobrevolé mi calle, traté de dar la vuelta lo más perfecta que pude y regresé al puente. Sentí que había logrado mis expectativas.
-“Eres algo insegura, arenke, pero con el tiempo lo harás mejor.”
-“Emm… me llamo Dany.”
Me observó como si hubiera dicho algo fuera de contexto, pero luego asintió.
-“desde ahora te llamarás Darcy. Como arenke debes usar un pseudónimo.”
-¿Y cuál es tu nombre?”
-“Puedes llamarme Kai.”
-“¿Y tu nombre real?”
-“No te lo diré.”
¡Qué tipo tan extraño y malhumorado me tocó de tutor!
-“¿A qué te dedicas?”
-“Trabajo en una empresa.” ¡Qué obvio! Pensé.
-“¿Y… en cuál?”
Se dio vuelta con expresión de enojado.
-“No estoy aquí para hablar sobre mi vida personal.”
¡Valla, que tipo! Tendrás que acostumbrarte, Dany-Darcy., me dije y sonreí con ese pensamiento.


Se paró sobre el borde del puente y me hizo un gesto de seguirle. Abrió sus enormes alas negras e hice lo mismo. Yo era bastante lenta a su lado, así que él tuvo que mantener mi ritmo. Yo aleteaba lo más rápido que podía, en cambio él aleteaba de vez en cuando manteniendo las alas fijas dejándose llevar por el viento. Eso debía aprenderlo para no cansarme tan rápido.
Me llevó a la playa que quedaba cerca y aterrizamos sobre una torre de vigilancia.
Lejos en el horizonte se distinguían las luces de los grandes barcos que esperaban la entrada al puerto de Valparaíso. No hacía frio y no había mucho viento a pesar de que estábamos casi en invierno.


-“Tengo ganas de volar hacia esos barcos y apreciarlos de cerca. Son gigantes.”
-“¿Y qué harás para que no te descubran?”
No había pensado en eso. Sería lindo pasear por esos barcos en la noche, pero si ellos descubrían alguien ajeno allí, tratarían de encontrarlo como fuera. Además no era conveniente que me vieran volando.
-“Está bien, iremos a los barcos, pero no estaremos mucho tiempo sobre ellos, es arriesgado.”
Me sorprendió a que accediera.
Me sentí algo insegura, no sabía si iba aguantar ese trayecto. La distancia hasta los barcos era grande. No quería cansarme.
Abrí mis alas al vuelo.
Sobrevolamos el mar. El agua estaba negra. El cielo estaba oscuro. Todo estaba en silencio, solo el aleteo de nuestras alas rompiendo la tranquilidad de la noche.

Creí que no lo iba a lograr, ¡pero lo hice! Llegué hasta el barco bastante cansada.
-“Lo hiciste bien… como para ser el primer día.” Me felicitó Kai.
Miramos por el borde del barco, no había nadie. Subimos a cubierta en la proa. Era un barco cargado de contenedores de otros países. Me senté en el suelo. Kai curioseaba los rincones. Habían muchas cosas en el suelo consideraba basura para mí.
No había luna. Estaba nublado.

-“Viene alguien.” Susurro Kai acercándose a mí.
¿Y ahora qué? Tengo alas pero no soy invisible. Kai me tomó del brazo e hizo un gesto a que lo siguiera. Hizo algo ridículo.
Se agarró de las manos del borde del barco hacia fuera con los pies en el aire. Si se soltaba, caía al mar.
-“Así no nos verán. Al menos que sea detallista y note las manos.”
El guardia rondaba por cubierta inspeccionando el área. Mientras tarareaba alguna canción se sentó sobre un objeto que no reconocí. Él estaba de espaldas pero el problema es que estaba colgada de mis manos del borde grueso. No podía resistir por mucho más tiempo. Kai lo notó y me hizo un gesto de acercarme a él.
Soltó una mano y me la puso en la cintura. Yo me solté del borde. La mano de la que estaba colgado resbaló y juntos caímos hacia abajo. Retuve un grito ya que creí que iba a caer al mar. Pero sus alas fueron más rápidas.
-“Te llevaré de regreso así ya que tendremos que ser rápidos.”
Vi que el guardia aún estaba de espaldas, y que no había notado nada.

Kai me sujetaba con sus brazos de la cintura. Emprendió vuelo rápido hacia la costa. ¡Muy rápido para mí! Pensé, ¿Cómo lo hacía? Yo era muy lenta, ahora pude notar que un arenke podía ser realmente rápido si lo quería. Sus alas no hacían ruido alguno. En menos de la mitad de tiempo que demoramos en la ida, llegamos a la costa. Me soltó una vez alejados de la playa. Había sido una experiencia fantástica. Yo estaba emocionada y supuse que en mi rostro se notaba. Kai me sonrió. ¡Sabía sonreír! Al menos hacía el intento.
-“Te acompañaré a tu casa, debes descansar.”
Mi emoción se esfumó. No tenía ganas que la magia se terminara ahí sin más. Tenía ganas de seguir volando y explorar los aires. Pero acepté que era recién el primer día, tenía muchos más por delante.

-“¿Conoces otros arenkes?” Pregunté curiosa si había más personas como yo.
-“Conozco varios. Aunque no somos muchos, en todas partes siempre hay algunos.”
-“Interesante…”
Caminamos por la avenida principal hasta llegar al sector donde vivía. Al entrar por una calle cercana a mi casa emprendimos vuelo seguros que no había nadie observando. Volamos bajo el puente y llegamos a mi casa.
-“¿Qué hacías escondido sobre ese árbol?”
-“Estaba esperando que apareciera un amigo arenke que últimamente duerme en el puente. Pero en vez de eso te vi a ti con tus alas blancas.”
Sonó como si le hubiera echado a perder el plan.
-“La próxima vez te llevaré a conocer más arenkes. Por ahora no intentes volar más lejos que por aquí cerca. Recuerda que nunca debes volar bajo en avenidas principales o calles anchas. De todas maneras no quiero que vueles sola lejos de tu casa, no es seguro.”

Me despedí y entré a mi casa. Esa noche definitivamente no iba a dormir con todo lo que había vivido. ¿Cómo lo hacía él con sus actividades nocturnas?
¡No podía esperar en conocer más arenkes!


Arenkes


Estimado lector;

              • Los capítulos aquí publicados son solo un borrador. La novela tiene los capítulos editados, más extensos, revisados. Si desea la edición completa, comuníquese conmigo y compre el libro. Estoy segura que podemos llegar a algún acuerdo sobre el precio.



D. Sara Wiesmann.
Arenkis.
Todos los derechos reservados.



Capítulo I



He soñado un par de veces con que podía volar. Extrañamente, y en el mismo sueño lo sentía real, tenía unas alas enormes en la espalda las cuales me impulsaban hacia arriba con facilidad. Recuerdo que en el sueño intentaba subir a los tejados de las casas para luego de allí tirarme al vacío y aterrizar con suavidad en el suelo.
Aunque en esos sueños nunca resultaron completamente satisfactorios. Tenía desesperación por no estar satisfecha con mi estado. Siempre faltaba algo para sentirme completa.
Creí que eran simples sueños  hasta aquella mañana en la cual tuve desagradables malestares corporales.

Comencé a tener heridas en la espalda, en la zona de los omóplatos. Al principio manchas rojizas que comenzaron a aparecer meses antes y que con el tiempo se fueron haciendo más notorias. No le di importancia, ya que siempre he tenido pequeñas heridas en la espalda, tal vez porque me rasguñaba mientras dormía por mis uñas largas.
Pero no eran casualidad. Cada vez se fueron agrandando más y más hasta que comencé a preocuparme si eran mis uñas las que causaban eso o si yo tenía algún problema en la piel. Cuando las manchas rojizas fueron cambiando a color morado como grandes moretones, como rastro de haber recibido golpes. Pero no había violencia en mi vida, ni torpeza de caerme o tropezarme con los muebles. Después del cambio de color la piel se volvió seca y a partirse y caerse en forma de escamas.
Aún así no le tomé demasiada importancia. No me preocupaba mucho por alergias o moretones o erupciones en la piel. Mi vida me tenía ocupada en los asuntos de la universidad y lo que me sobraba de tiempo estaba absorta de la realidad, tirada en la cama soñando despierta, dispersa, fantaseando, reflexionando o paseando por la ciudad y la costa bajo el sol distraída concentrada en la música desde los audífonos. Si, en aquel tiempo estaba demasaido ensimismada,  y aislada del resto de personas que en ese entonces trataba.

Pasaron pocos días y una mañana desperté con malestar, mareos y jaqueca y con una sensación de tener una pelota en la espalda. Al examinarme, descubrí que las heridas habían formado un corte curvo en cada omóplato. Estaban abiertas y listas para cicatrizar. Algo había sucedido durante la noche sin que me diera cuenta. Sentí ardor al ducharme, y comencé a preocuparme en serio. Debía decidir si ir al hospital y averiguar qué era lo que me estaba asucediendo. Pero al vestirme en un acto de levantar una pierna perdí el equilibrio y caí al suelo. Con la manos apoyadas en el suelo traté de volver a levantarme. La habitación me daba vueltas y sentía la cabeza pesada. Me arrastré hasta la cama y me tendí en ella esperando a que se me pasara. Erróneamente creí que me había bajado la presión, algo que sucedía con frecuencia por las mañanas.
Lentamente dejé de sentir mareos, un alivio. Pero la sensación de malestar continuaba. Me propuse faltar aquel día a clases, volver a la cama y dormir otro poco más. Pero aún no había sucedido lo peor.

Es imposible relatar el episodio sin que suene demasiado fantástico.
El dolor fue similar al de un parto (lo supongo, pues nunca he pasado por eso). Efectivamente como un parto, porque lo que salió de mi espalda fue como un ser que emergió de mi.
Entre gritos, dolor y susto me agité bruscamente en la cama. El cuerpo temblaba ante el cambio que estaba apunto de producirse. Los cortes en mi espalda se abieron y de ellos salieron un nuevo par de extremidades. De reojo vi entre la turbación y la angustia algo blanco que creía cada segundo hasta haber alcanzado su tamaño normal. Aterrada descubrí que a mis espaldas tenía un par de alas muy grandes, blancas, y hasta con plumas. Un grito de impresión escapó de mi al oserbar incrédula lo que acababa de sucederme. ¿Era un sueño? ¿Era una alucinación producto de mi jaqueca? No, era tan real como mis manos, mis brazos o mis piernas.
Me sentí un angel que acababa de nacer.

Aún temblando me recosté sobre la cama boca abajo. Mis alas sobre mi se movían disparejas, se doblaban y se agitaban con cada temblor que aún emitía mi cuerpo. Pero curiosamente no pesaban. Eran livianas, suaves y cómodas mientras ondulaban sobre mi cuerpo recostado. No habías más dolor en la espalda que el de las heridas producidas.

Por mi mente pasaron todas las alternativas de qué iba a hacer con un par de alas a la espalda. Qué excusas iba a decirles a los demás y como iba a hacer para enfrentarme al mundo. Ahora no me explico como pude haberme preguntado semejantes tonterías en un estado tan perturbante como ese. Seguramente después del susto de presenciar algo subnormal no razoné. Me encontraba en shock.

Quieta sobre mi cama, como me encontraba, deducí que nada de lo sucedido anteriormente había sido real, y que en aquel momento debía encontrarme bajo los efectos de alguna pastilla ingerida por el malestar o la jaqueca. Entonces aproveché la ocación de experimentar. La posibilidad de encontrarme consciente de estar soñando era muy baja y las pocas veces que sucedía, nunca aprovechaba totalmente la ocación para hacer lo que no podía en la vida real.
Primero que nada debía aprender a controlar las alas que se movían sin dominio alguno sobre mi cuerpo. Me enderecé sobre la cama y alli sentada enfoqué toda mi concentración en las alas y ayudándome con las manos intenté dominarlas.
Al principio no resultó nada. Pero después de bastante esfuerzo y paciencia descubrí el método para moverlas hacia la dirección que yo quería. El resultado fue estupendo. Me llevó un par de horas controlarlas por completo. Satisfecha di un par de saltos en la habitción deseando que aquel sueño no terminara antes de haber intentado volar.

La habitación era pequeña en comparación con el largo de mis alas, y al abrirlas por completo tocaba las paredes de extremo a extremo.
Descubrí también que existía la posibilidad de cerrarlas por completo y hacerlas desaparecer. Con un poco de voluntat aprendí a controlar todos los movimientos de mis nuevas extremidades. Lo curioso era cuando desaparecían en la espalda haciéndose velozmente más pequeñas hasta ocultarse compeltamente por mis omóplatos al interior de mi cuerpo. O talvez no edesaparecían hacia al interior de mi cuerpo. Talvez solo desaparecían, desvaneciendose ante la vista. Volverlas a abrir luego requería de un poco de concentración, viasualizarlas mentalmente y confiar en que aparecerán.

Todo el entrenamiento me había agotado y comencé a sentir hambre. Esto no era como lo había imaginado, yo solo quería volar. Aprovechar el sueño para volar, no para ejercitar un par de alas. Pero el hecho de sentir hambre me hizo dudar, ¿realmente estaba soñando? Perturbada me dirigí hacia la cocina a preparar el almuerzo.

No podía estar soñando. No lo estaba. No eran alucinaciones. ¡Era real! ¿Cómo podía ser cierto? Recordé las heridas de mi espalda y fui a examinarlas nuevamente frente al espejo. Ya no ardían. Se habían secado, y les administré un gel cicatrizante.
Aquella tarde no volví a hacer el intento de sacar mis alas. No estaba muy segura de lo sucedido en la mañana y no quería entrar nuevamente a un estado de ansiedad. Prefería posponer todo el asunto hasta el día siguiente, cuando me encontrara mejor emocionalmente, y cuando podía estar segura de encontrarme sana, sin jaqueca y sin los efectos de ningún medicamento. Luego podría evaluar la situación razonablemente.

Entrando la noche no me resistí a esperar más. Ya me encontraba completamente recuperada del incidente de la mañana y decidí poner a prueba mi consciencia.
Intenté nuevamente abrir mis alas. Lo logré con algo de dificultad. Tampoco fue fácil mantenerlas quietas. La habitación en que vivía era muy pequeña para estos ejercicios. Debía salir afuera, donde tendría más espacio paa practicar.
Salí de casa a oscuras, asegurándome que no había nadie en las calles que pudiera observar mi actividad. Cerca de mi casa había un pequeño parte con juegos infantiles. Allí decidí poner en práctica mis nuevas habilidades.

De mi espalda salieron unas alas gigantes que se abrían, se doblaban y se guardaban debajo de mi piel sin dejar rastro. Era como si esas alas no fueran algo físico, pues no quedaba ningún bulto en mi espalda, era como si al cerrarlas nunca hubieran existido.
Creí que las alucinaciones de la mañana eran producto de los medicamentos, pero definitivamente estaban ahí. Podía hacer que se abrieran y que se cerraran y se guardaran.
No las sentí como un cuerpo extraño que invadió mi espalda. Sostenerlas abiertas no me causó sensación alguna de incomodidad. Me acostumbré rápidamente a ellas, a pesar de que nunca había escuchado de alguien que tuviera alas. Era como si fueran una parte habitual de mi cuerpo.
Siempre les había dicho a mis padres “denme alas para volar” pero nunca me referí  literalmente a esto.

Aquella tarde antes de salir del parque, había buscado información en internet sobre seres alados, pero solo me había encontrado con ángeles y seres mitológicos. Decepcionada me acosté preguntándome qué tipo de ser era. Era comprensible que no podía conciliar el sueño, nadie lo haría si le salieran alas de un día para otro. Por eso había ido al parque a satisfacer mi curiosidad sobre la utilidad de unas alas grandes. ¿Eran capaces de elevarme por los aires?

Di un par de saltos en el parque, intentando controlar las alas para que aletearan uniformes. Al principio solo logré levantar el polvo del suelo, como si hubiera utilizado las alas para abanicar en vez de volar. No tenía la menor idea por donde comenzar.
Abrí las alas y aleteé con fuerza. De pronto me elevé bruscamente, pero el temor me hizo caer golpeándome contra el suelo. Pensé que aquello podía resultar peligroso si no lograba hacerlo bien. No debía sobresaltarme la próxima vez que lograba elevarme.

Descancé un rato sobre el cesped abriendo y cerrando las alas, observando sus movimientos, sus suaves plumas blancas. Eran estupendas. Pero, ¿De donde provenían? ¿Qué era yo? ¿Aquello era real?

Hice un nuevos intentos hasta lograr elevarme un par de metros sobre el suelo. Me mantuve un par de segundos vertical en el aire, aleteando en el mismo lugar. No me atreví a avanzar, ya que eso requería de posicionarme horizontalmente y aletear con fuerza. Me sentí insegura y me daba susto pensar en estrellarme contra algo y volver a caer, pero desde más altura y quebrarme un par de huesos. La mejor opción era continuar saltando y mantenerme un tiempo suspendida en el aire, a no demasaida altura, que me permitiera caer bien. En ese entonces no tenía idea de qué hacer para aterrizar suavemente en el suelo.

Era de noche y decidí regresar a casa, dormir y volver a despertar al dia siguiente, asegurandome haber despertado bien, alejada de los sueños y perfectamente consciente del mundo real.


Al día siguiente asistí como de costumbre a mis clases en la universidad. Al atarceder llegué a casa deseando averiguar si mis alas aún estaban alli. No resistí la tentación de un día completo y al haber cerrado la puerta tras de mí proseguí en la investigación. Las heridas en mi espalda se habían cerrado y nada simbolizaba que se volverían a abrir. El abrir y guardar las alas no influían en absoluto con ellas.
Y efectivamente, mis alas estaban alli, blancas, suaves, delicadas. Examiné las plumas. Miles y miles de delicadas plumas de distintos tamaños, grandes y duras, otras pequeñas y frágiles. Algunas se amomaban tiernamente con un brillo plateado. Eran idénticas a las de las aves. Las abrí completamente rozando las paredes de mi habitación, y así abiertas permanecí admirándolas frente al espejo. El cristal reflejaba la imagen de un ángel. Un ángel con mi rostro.

Entrada la noche fui nuevamente al parque a hacer nuevos intentos de domar las alas. Logré un pequeño control sobre ellas alcanzando trasladame del lugar volando. No fue complicado volar, lo complicado era dejar de hacerlo y aterrizar en el sitio determinado. Dejar de batir las alas con la intensidad usada para desplazarse.
Practiqué volar de un extremo a otro hasta que encendieron los faroles de la calle y su luz me alcanzó. Debía abandonar el parque e irme a un lugar que no estuviese iluminado. De mi casa bajaba una calle poco iluminada que pasaba bajo un puente que unía los cerros que se elevaban a cada lado. No era frecuentada por muchos vehículos por no tener salida. La calle acababa justo en mi casa. Desde el puente a mi casa no staba iluminado y a esas horas del día apenas se distinguía algo. El color de mis alas era una desventaja, pero debía asumir el riesgo si quería aprender a volar correctamente.

Abrí mis alas, me impulsé y me elevé concentrándome en mantener el control sobre las alas. Con emoción descubrí que había aprendido a planear. Me desplacé por la calle hasta llegar al puente. Con cada aleteo me acercaba más al suelo. Lo intenté nuevamente. Volé hasta mi casa. La habitación que yo arrendaba se encontraba en un segundo piso. Traté de aterrizar sobre la terrasa esforzándome en impulsarme mas arriba. A los pocos segundos rocé el suelo con las alas. No me fue posible aterrizar en el balcón debido a la poca fuerza que ejercía sobre mis nuevas alas. Elevarme fue todo un reto, pero con cada aleteo nuevamente me acercaba al suelo. Tal y como había soñado antes. En ellos yo volaba con dificultad, trataba de impulsarme pero siempre acababa en el suelo. Mi inseguridad onínica se habían hecho real.

Intenté varias veces hasta que descubrí el método de coordinarlas uniformemente. La distancia de vuelo fue en cada intento más grande. La sensación de volar me pareció magnífica, el descubrimiento de un placer nunca antes experimentado. Mi aleteo era lento, por mi escasa fuerza física, pero volando avanzaba mucho más rápido que corriendo. Simplemente era maravilloso no usar las piernas ni los brazos ni tocar el suelo para avanzar.
Volé por debajo del puente y continué hasta el cruce, donde los faroles brillaban en la oscuridad y cualquiera podría haberme visto con facilidad. Retrodecí cerrando rápidamente las alas y regresando al puente.
Aquella vez aún no sabía nada acerca del peligro que asechaba en la oscuridad pacientemente. Al parecer de alguna forma lo presentí y regresé atemorizada. Talvez era mi instinto el que me indicaba no exhibir mis alas a los demás. Ahora que soy consciente de los peligros, deduzco que los de nuestra especie nacen con aquellos instintos de supervivencia. Pero en aquella época solamente evitaba que alguien viera mis alas por inseguridad y desconocimiento de mi propio ser. Nunca había oído o leído sobre personas con alas. Mi condición me tenía aturdida.

Todos dormían y creí que nadie me observaba. Me dirigí hacia el puente. Era alto. Tan alto que un tiempo hubieron personas que se lanzaron de allí a suicidarse. De todas formas no les quedaba lejos del cementerio, estaba cerca también. Así es donde vivía. A un lado de la calle hay árboles y mucha vegetación, al otro están las casas. Y sobre ellas el gran puente sobre la que pasa una avenida transitada. Es lindo caminar por allí en primavera, está todo florido.

Desde el puente había vista hacia edificios y entremedio se lograba ver el mar. No quedaba muy lejos. A pie eran cinco minutos. Desde el punte estaba rodeada de luz de las casas y los edificios. La calle de abajo estaba sumida en la oscuridad. Los árboles se movían entre el aire freso de la noche. A parte del viento atravezar la hiverva y los árboles no se escuchaba a nadie mas.
El lanzarme en ese momento desde el puente al vacío me tentaba, pero no tenía suficiente valentía y confianza en mi. Debía evitar todo posible accidente. En mi interior algo me decía que lo hiciera, que no tuviera miedo. Algo en mi ansiaba extender los brazos, las alas y planear atravez de la noche y el aire frío. Deseché aquella idea arriesgada de mi cabeza y me fui al cerro, a un costado del punte. Bajé y me senté a la orilla de la calle. El pasto estaba corto y verde, pues en invierno era la única época donde los paisajes de esta zona eran verdes. El resto del año los cerros semidesérticos se teñían de un color amarillento, y en las ciudades donde regaban con reguralaridad, crecían plantas y flores exquisitamente seleccionadas haciendo honor al apodo de “ciudad jardín”.

Desde la calle hice nuevamente un par de intentos, con algo de dificultad intenté impulsarme y elevarme desde el plano hacia el cerro, llegando solo a medias de éste por falta de fuerza para continuar elevándome. Era más fácil avanzar en el plano que intentar subir. Requería de mucho esfuerzo y agotaba al igual que intentara levantar mucho peso en un gimnacio. Cansada me acosté de espaldas en el pasto y observé el cielo, amarillento por las luces de la ciudad reflejadas en la niebla.

-“¡Buenas noches arenke!”  Sonó desde lo alto del árbol. Miré asustada hacia arriba y vi la silueta de una persona. Era un joven que bajó del árbol de un simple salto como si la altura no fuera un obstáculo. Me levanté desconfiada y di un paso hacia atrás, evaluando la apariencia del chico.
Vestía completamente de negro, ocultando los detalles de su vestimenta en la oscuridad. Lucía el cabello medianamente largo y alborotado. No distinguí bien su rostro, pues la luz estaba  ingeniosamente a sus espaldas, dejando su rostro en las sombras, mientras el mío estaba medio iluminado. Un detalle que percibí demasiado tarde como para cambiarlo.

-“Te he visto volar de un extremo a otro varias veces. ¿No tienes nada mejor que hacer?” dijo en un tono burlesco.
Me había vuelto repentinamente consciente de las alas que hacía poco había lucido abiertas. Fue tarde para lamentarlo. Di otro paso hacia atrás y decidí marcharme. El notó mi inseguridad y tal vez en ese momento comprendió mi situación.
-“¿Estas aprendiendo a volar? ¿Eres una novata?” dijo en un tono más amigable. Cambié de idea y decidí quedarme a conversar, tal vez podía averiguar alguna pista sobre mis dudas.
Asentí con la cabeza.
-“Bien. ¿Desde cuando las tienes?” Preguntó apuntando mis hombros.
-“Desde ayer.” Respondí tímida.
El joven me miró algo incrédulo. Con expresión pensativa me examinó completa.
-“¿Desde ayer y ya recorres la noche como si fuera un pasatiempo acostumbrado? Las haz aprendido a dominar rápidamente.” Murmuró aún incrédulo.
Sonrió y en ese momento salieron unas enormes alas negras de su espalda. Eran más grandes que las mías y con plumas más abundantes. Nunca había visto un ser con alas a mi lado, y mucho menos de color negro. Su presencia fue impactante.
-“¿Por qué tus alas son negras?” pregunté curiosa. Frunciendo las cejas me volvió a examinar completa, esforzando aún más su expresión de impresión.
-“¿No sabes? Tú puedes elegir el color que deseas, blanco, o negro. Yo, en lo personal, prefiero usar las negras tanto en el día como en la noche, va más con mi estilo. Lo normal es usar las alas blancas de día junto a la luz y negras de noche para ocultarse en la oscuridad. La mayoría lo hace. Es muy extraño que no lo sepas… Solo debes imaginártelas y ya aparecerán. Es muy simple. Con razón… yo me había preguntado quien en su sano juicio se atrevía a volar con alas blancas una noche en la ciudad, llamando la atención a todo espectador. ¡Que descuido de tu parte!”

¿La mayoría? ¡Así que había más de nosotros! ¿Por qué nadie nunca me contó sobre esto? Abrí mis alas. Eran blancas. Las guardé e imaginé un momento las alas negras del joven en mi espalda. Volví a abrirlas, pero de mi espalda solo salieron mis alas blancas.
El chico al verlo se aguantó una risa. En tono serio reclamaba de como era posible que nadie me haya instruido el no usar las alas blancas de noche. Claramente no imaginaba que nunca nadie me había contado nada de nada. En mi interior había un montón de interrogantes que deseaban ser aclaradas, pero algo me frenó. Me sentía insegura ante este nuevo desconocido que hablaba con tanta naturalidad sobre ello.

Después de algunas indicaciones que consistían en visualizar las alas y su color volví  a abrirlas y unas hermosas alas negras salieron de mi espalda. ¡Genial! Ya me había acostumbrada a ver alas blancas y relacionarlas con suaves plumones abrigadores, cuando de mi espalda salieron unas alas con plumas igualmente hermosas y sedosas, de un negro intenso, brillante ante la luz.
-“Son exactamente las mismas alas. Solo han cambiado de color. Eso es para que en la noche no te vea nadie. Te recomiendo vestir de negro también, así pasarás inadvertida.”
Evidentemente pasaba inadvertido. Nunca lo habría distinguido sobre aquel árbol entre las hojas.

Tenía tantas cosas que preguntar, pero no sabía por donde comenzar. Me sentía acobardada ante el joven. Reconocí mi impotencia al querer entablar una conversación con alguien que no sabía nada sobre mí. Esperé a que él rompiera el silencio.






“¿Quién es tu tutor?”
-“¿Mi qué?” pregunté extrañada. ¿Se refería a mis padres?
-“¡No me digas que no tienes un tutor! Todos debemos tener un tutor cuando somos principiantes, alguien que nos enseñe a volar bien, las técnicas, habilidades y todo lo demás sobre nuestra especie. ¿No tienes a nadie que te instruya?”
-“No.”
Me observó escéptico.
-“Yo seré tu tutor.” Afirmó luego de analizarme nuevamente con su expresión suspicáz.